De siempre he luchado contra el estigma de que se me diga
egoísta, primero por ser hija única, después por forjarme un futuro
profesional, tercero por no haber tenido hijos, cuarto por vivir sola y quinto
por estar soltera, o al menos en mi segunda soltería.
Lo curioso es que este destino ligado a la soledad no
tiene que ver con mi anhelo por compartir, darme a los demás y ofrecer a mis
afectos todo lo que tengo. Esta conducta suele ser interpretada mal, y en vez
de ver mi capacidad de entrega, se me estigmatiza pensando en las razones por
las cuales actúo así.
No han sido pocas las ocasiones que he corrido para
atender la necesidad de un amigo, aún dejando de lado mis propias necesidades.
Tampoco han sido pocas las veces que he callado mis deseos porque los otros no
son capaces de entenderlos.
El egoísmo en mi vida no ha sido nunca lo que he deseado,
pero sí lo que he recibido tantas veces en esta sociedad poco solidaria, donde
las relaciones de poder imperan, y en que cada cual primero vela por sus
propios intereses, antes que por los comunes. Por esto, sin perder mi esencia y actitud de entrega, cuido de mi, pues estoy convencida de que soy la única persona capaz de ofrecerme los
chineos, agasajos, y gustos que me gusta recibir, nadie me cuida ni
cuidará nunca, como yo lo hago a mi misma, así que en vez de esperar, recibo hoy de mi todo lo que quiero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario