martes, 22 de octubre de 2013

Carta a mis queridas amigas


Sean sus propias amigas y cuiden muy bien sus sentimientos, no dejen que les arrebaten esa capacidad personal que traemos todas para ser felices, que muchas veces nosotras mismas afectamos cuando nos cuestionamos si estamos haciendo las cosas correctamente, al hacerlas como nosotras queremos.

Yo he pasado por muchas emociones y siempre se sobrevive:

- Sé lo que es que la persona con quien decidiste tener un proyecto de vida conjunto te haga cuestionarte tu belleza por envidia a las habilidades profesionales y lo que se ha alcanzado.

-Sé lo que es que te quiten el trabajo mejor remunerado que has tenido por no acceder a favores sexuales.

-Sé lo que es ganar menos por mi género.

-Supe desde pequeña lo que eran los complejos porque el crecimiento de unas hermosas caderas dejaron cicatrices.

-Sé lo que se te juzgue de egoísta por no tener una vida convencional.

-Sé lo que se siente, cuando hablas de tus pasiones, que quienes fueron tus amigos en otras etapas te ignoren, porque no entienden que hoy has evolucionado y no eres quienes ellos pretenden que seas. 

-Finalmente sé que soy capaz de alcanzar lo que me proponga, llegar hasta donde quiera y levantarme cuando he caído, pero sobre todo, que soy una mujer completa, una mujer diferente al promedio y una mujer que se acepta a sí misma.

Por lo anterior, nunca desistan, mídanse con su propia vara, descríbanse por lo que son, no por lo que los otros esperan de ustedes, vivan felices y dejen a los demás serlo, que con tan sólo esta clave, todos alcanzaríamos el anhelado sentir.

El egoísmo en mi vida



De siempre he luchado contra el estigma de que se me diga egoísta, primero por ser hija única, después por forjarme un futuro profesional, tercero por no haber tenido hijos, cuarto por vivir sola y quinto por estar soltera, o al menos en mi segunda soltería.

Lo curioso es que este destino ligado a la soledad no tiene que ver con mi anhelo por compartir, darme a los demás y ofrecer a mis afectos todo lo que tengo. Esta conducta suele ser interpretada mal, y en vez de ver mi capacidad de entrega, se me estigmatiza pensando en las razones por las cuales actúo así.

No han sido pocas las ocasiones que he corrido para atender la necesidad de un amigo, aún dejando de lado mis propias necesidades. Tampoco han sido pocas las veces que he callado mis deseos porque los otros no son capaces de entenderlos.

El egoísmo en mi vida no ha sido nunca lo que he deseado, pero sí lo que he recibido tantas veces en esta sociedad poco solidaria, donde las relaciones de poder imperan, y en que cada cual primero vela por sus propios intereses, antes que por los comunes. Por esto, sin perder mi esencia y actitud de entrega, cuido de mi, pues estoy convencida de que soy la única persona capaz de ofrecerme los chineos, agasajos, y gustos que me gusta recibir, nadie me cuida ni cuidará nunca, como yo lo hago a mi misma, así que en vez de esperar, recibo hoy de mi todo lo que quiero.