domingo, 10 de octubre de 2021

5 hábitos personales para mi Salud Mental

Hoy leí que es el Día de la Salud Mental y me puse a reflexionar por lo lastimada que está la de todos tras 19 meses de pandemia.

Sí bien traíamos una salud mental deteriorada, por las demandas de estos tiempos, lo acontecido en los últimos meses ha servido de acelerador en procesos que ya traíamos. Ansiedad, depresión, estrés y tantos males mentales han encontrado cabida.

Escribo esta entrada al blog para invitarlos a que reflexionen sobre sus hábitos y qué  hacen por  su salud mental. Empiezo yo.

Danza

A mis 3 años empecé a practicar danza, y si bien nunca me he dedicado a ello, sí he hecho del movimiento pieza fundamental en ese rompecabezas que complementa mi salud mental. Es curioso que esto que tanto disfruto en ocasiones me ha llegado a causar estrés, pues claro, cuando perdemos el propósito se pierde el resultado esperado. Por lo anterior siempre me aseguro de que los procesos concernientes a la danza sumen al bienestar, y es allí donde no me afano por la perfección ni que se torne en obligación. 

Bailar semanalmente es para mi como respirar, pero nunca puede ser por competencia, para lucirme en una presentación o por obligación, cuando dejo de disfrutarlo, entiendo que no se está cumpliendo el propósito y migro a otra danza, o pongo límites que me permitan el balance que me haga sentir en bienestar. Actualmente procuro bailar tres veces por semana, he tenido épocas de hacerlo diario.

Yoga y meditación 

Estas prácticas de bienestar de origen hinduista, son lo que en mi cultura entendemos como “estate quieto”. En dos platos, me obligan a bajar revoluciones y procuro hacerlo al menos un par de veces por semana. Encontrar un buen maestro es clave, y poner nuestros propios límites también, en el tanto son prácticas que en su esencia son buenas, en la medida que no pierdan su esencia, la cual es precisamente conocer nuestros propios límites y reconocer que no somos iguales y a cada quien se le facilitan o dificultan fases, indistintamente género, edad y contextura. 

Lo más valioso de este hábito, es que la mente es la protagonista, tanto en el caso del yoga como de la meditación. 

Afectos

Crecí sola por ser hija única, vivo sola por ser divorciada y sin hijos, y trabajo sola, por hacer teletrabajo; así que el compartir diario con mis afectos se ha vuelto esencial. Hace un par de años me dedicaba más a los amigos, eran muchos y yo callejera, así que siempre tenía plan. Estos tiempos en que se nos insta a estar en burbuja, modificaron esteárica práctica.

A quienes elijo ver los selecciono considerando sus hábitos en pandemia, que vayamos a compartir tiempo de calidad y que me hayan hecho falta y a la inversa, en el 2020 en que no vi a nadie más que mis papás. Las personas van y vienen en nuestras vidas, los caminos se acercan o no conforme a los intereses y procesos de vida, sin embargo esos que llamo “afectos cercanísimos” son a quienes sé incondicionales en las buenas y en las malas, con quienes puedo reír, pero también llorar, y que en el 2021 me han acompañado a llevar la incertidumbre este año en particular en que la vida me movió el piso, quienes han preguntado y sido empáticos con mis emociones. 

Espiritualidad

En este apartado no me refiero a religión, pues el concepto espiritualidad lo considero más amplio y preciso. Nuestras creencias y valores representan un sentir, y es así como la paz la encontramos tanto en el término  hinduista “Ahimsa” (no violencia) como en el acto católico “dar la paz”.

Sobre espiritualidad no me extenderé pues es muy  personal, pero ya me habrán escuchado en múltiples ocasiones mencionar a mi Virgen de la Medalla Milagrosa, y también a rituales anuales como el Holi, el Diwali y Navidad, y compone ese sincretismo espiritual, que solo yo me entiendo.

Productividad 

Mi necesidad de sentirme productiva y la pasión por mi profesión, pueden ser tanto gratificantes como autodestructivas. No pocas veces mis jefes me ha dicho que doy más de lo que esperan, y claro, me encanta me lo digan, pero hacer de esto un hábito e irrespetar horarios personales de descanso, alimentación, formación o entretenimiento, hacen indispensable que el balance exista.

Dejo acá cinco reflexiones sobre las prácticas que componen mi bienestar y agregan a mi salud mental. No creo haber sido exhaustiva, porque sin duda hay muchos más hábitos que no mencioné, pero ahora te pregunto a vos ¿qué hacés por tu salud mental? 

Te leo…

viernes, 2 de julio de 2021

El dilema de vincularse entre distintas generaciones mediante la docencia

Mi generación, la X, suele estigmatizar a las posteriores por hábitos y preferencias.  No pocas veces he escuchado a mis contemporáneos referirse con desdén sobre millenials y centennials. Pienso que esto siempre ha ocurrido, y claro, cada generación tiene conductas que asume como las correctas y le cuesta comprender por qué otras generaciones no las practican.

Lejos de calificar, o descalificar, cómo es cada generación, mi reto como comunicadora concierne a que aquellas estrategias para marcas, campañas, y demás propias de mi oficio, se segmenten de forma adecuada y lleguen con ideas válidas, eficaces y resultado del conocimiento sobre ese segmento de mercado al que está apuntando la táctica que concebimos.

El ejercicio profesional como docente quizás ha sido lo que siempre me ha sacado de la zona de confort, pues más allá de una marca con sus valores y necesidades, es mi propia marca personal la que se ve expuesta. Sí, y con ello se descubren brechas tecnológicas y de conocimiento sobre lo que esa generación demanda.

Saber cómo esa audiencia concibe el mundo se torna vital para ser asertiva en mi comunicación hacia dichos estudiantes. Curiosamente mi primera experiencia como docente fue en maestría, hace aproximadamente doce años. En esa ocasión mis alumnos tenían mi edad o más que ella, pues mi reciente graduación de postgrado me calificaba como docente, pero a la vez me enfrentaba a esa validación, no del poder real, sino del poder legítimo.

Tan gratificante fue la experiencia que continué enseñando. Años después tuve la oportunidad de dar licenciatura, nuevamente sentí en mis estudiantes el respeto ante alguien que conoce lo suficiente para pararse al frente y enseñarles.

Pasaron los años y no volví a ejercer la docencia, mi tiempo era limitado.  Cuando volví a tener la disponibilidad, volví a ejercer el rol, finalmente en mi alma mater; pero esta vez la experiencia fue distinta, encontré chicos inconformes con la vida, frustrados de tener que estudiar una licenciatura por no poder conseguir el empleo de sus vidas recién graduados de la Universidad más prestigiosa del país. Tan dispersos e indiferentes eran aquellos estudiantes, que me dije, “tenían que ser millenials”, y sí, caí en el error de estigmatizar y pensar que quizás lo mío no era más la docencia. Les parecía fea una aula con tecnología y mobiliario de primera, claro, no habían vivido las limitaciones de mi generación. Exigían presentaciones cada vez más dinámicas, diseños únicos y un derroche de recursos que ilustraran sus expectativas y que jamás iba a satisfacer. Para aquellos chicos era más importante la forma que el fondo, y se negaban a escuchar, más pendientes de la salida a comer sushi después de clase, que de aprovechar el tiempo de formación.

Salir de aquel semestre fue una tortura, no importaban mis esfuerzos, nunca iba a satisfacer a aquella generación ingrata a la que mi experiencia incomodaba, y que se congraciaban con descalificar docentes, curiosamente personas a quienes yo apreciaba y sabía grandes profesionales.

Pero como la vida me ha enseñado a no darme por vencida, continué en la docencia, esta vez con alumnos de bachillerato, que no eran de mi campo profesional sino de otras carreras, deseosos de conocer sobre mi ámbito, la Comunicación. Esta vez fue un deleite, ¿por qué?, me atrevería a pensar que por las expectativas que tenían dichos estudiantes, que lejos de aproximarse a mis clases con lupas en busca de detalles que ellos sentían podían hacer mejor, los estudiantes esta vez llegaban a mis clases con ilusión por un nuevo campo profesional, y deseosos de aprender.

Cada vez más jóvenes, y cada vez más ancha la brecha entre generaciones, aquel grupo de estudiantes se convirtió ya no en un reto, como los del curso anterior, sino por el contrario en una inspiración. Las horas que dediqué a ese curso no se remuneran económicamente, pero sí se pagan con la satisfacción de la apertura que percibí. Llevé muchos invitados, les hice clases que a mi criterio eran dinámicas, que los retara, que los sacara de la zona de confort, y los pusiera a pensar.

Toda esta antesala de contexto me lleva finalmente a presentarles el tema en cuestión. No es que entre generaciones haya necesariamente incomprensión, sino que es en ese intercambio de expectativas que pueden o no entenderse.  

Recuerdo la primera clase en que les pregunté por qué medios se informaban y las respuestas en su gran mayoría giraron en torno a Instagram, Twitter, páginas de memes y Facebook. Que su contacto con las noticias fuera porque los papás encienden el televisor a la hora de almorzar, o porque mientras permanecen en el gimnasio las ven de rebote, me resultó aterrador.

Inculcarles el hábito de informarse, fue mi aspiración, curiosamente resultó más fácil de lo que pensé, y bastó con asignarles el seguimiento a fuentes afines a su campo profesional, para que me sorprendieran semana a semana con sus hallazgos.

El promedio de dicha generación rondaba los 23 años, yo en mis 43, lejos de concebirme como “la señora”, me sentí tremendamente identificada con las ansías de conocer de mis alumnos. Curiosamente el target al que me dirigía era amplio, los había de 19, pero también de 32 y hasta de 42.

Sé como comunicadora de la importancia de segmentar nuestro target, ¿pero es acaso la edad lo importante?, ¿no será más bien la actitud?

Hoy finalizo 11 lecciones con un grupo que me devolvió el gusto por la docencia. Restan cuatro clases más, las cuales impartiré ya no a los 30 estudiantes, sino a grupos de 3 a los que mentorearé en su trabajo final. ¡Cuánto trabajo adicional dirán algunos!, pero no, son sus propias marcas personales las que modelaré, ayudándoles a desarrollar “pilotos” de productos gráficos y audiovisuales con que  responderán a sus objetivos de comunicación de temas muy variados, mismos que ellos eligieron y que estoy segura desarrollarán con pasión, porque el curso fue su elección y no una imposición académica curricular.

Cierro estas líneas confirmando lo que sentí en aquella primera ocasión hace una docena de años ¡me encanta enseñar!


jueves, 31 de diciembre de 2020

Mis 20 lecciones del 2020

1.  El encierro nos obligó a encontrar soluciones para seguir con nuestras pasiones, así que evolucionamos y descubrimos que ya no existen fronteras para aprender. 

2. La historia se repite, y el ser engreídos y negarlo, solo nos perjudica por no estar preparados y que la humanidad esté más conectada que nunca y esto haga que los males lleguen más rápido hasta el último rincón del planeta, recordándonos que es uno solo y que lo que pase a uno nos pasa a todos.

3. La salud es un bien preciado que no puede asumirse, cada decisión puede ponerla vulnerable.

4. La vida es como el flamenco, un viaje por las emociones. Cada palo (estilo) comunica una, pero es difícil definirlas porque se traslapan. Ahora bien, cómo le bailes depende de la melodía y lo que te provoque, sin ser ni malo ni bueno, tan solo es.

5. Usar mascarilla puede ser divertido, no nos borró la sonrisa, nos enseñó a sonreír  con los ojos, y con los diseños mediante los cuales podemos comunicarnos también.

6. Aprendí a confiar en las compras en línea, y ahora solo quiero adquirir cosas así, pues mis decisiones de compra son más pensadas y siempre hago consultas hasta que me convencen las respuestas. 

7. Siempre hay otras maneras de expresar lo conocido, así como los saludos cambiaron, las formas de decir “presente” también.  

8. El año 2020 no es un año que nos castigó, sino ha sido un año que ha puesto a prueba nuestras creencias, relaciones, y actitudes, para que revisemos dónde estábamos y dónde queremos estar. 

9. Aprendí a reconocer mejor a mis personas esenciales, aquellas con las que siempre puedo contar y que aún en la virtualidad se estuvieron reportando.

10. El mejor regalo,  el más anhelado y que cambia tu mundo es un abrazo.

11. El presente no define el futuro, sino la esperanza que tengamos.

12. Cuidar a nuestros seres queridos no es opcional ni postergable.

13. Vivo en el paraíso, y aún en pandemia, estar en Costa Rica rodeada de naturaleza es una bendición. 

14. La distancia física es simbólica, la distancia emocional es real. 

15. Los sentidos cobraron otro valor, el gusto, el olfato y el tacto están ahora más valorados. 

16. Reafirmé la importancia del sentido de comunidad, solos no somos nada pero en comunidad podemos resolver cualquier tema.

17. Ejercitarme diario cobró otro sentido, dejó de ser la aspiración estética para ser un seguro de vida. El movimiento es salud, y formas de cuidarse hay muchas, ya sea con flamenco, oriental o danzas clásicas de la India, o con entrenamiento tipo gimnasio, o unos minutos de elíptica. Cuidémonos para tener nuestras defensas en forma.

18. No somos indispensables pero sí importantes, y todos somos una pieza clave e irremplazable en la conformación de nuestra sociedad. Quienes debieron encuarentenarse por contagio o precaución, o simplemente teletrabajar,  creían que era imposible salir del corre-corre por dos semanas, y al salir estoy segura fueron nuevas personas, revisaron sus vínculos y prioridades. Toda pausa es una oportunidad para reenfocarnos y encontrar nuestro lugar en el engranaje.

19. Generarnos chineos y momentos de autocuido es una obligación. Debemos querernos  y ser gentiles con nosotros mismos, dándonos los cuidados que podamos, porque la vida puede estar cuesta arriba pero la allana esa atención que nos demos. 

20. Ayer hice una sesión dirigida, de esas en que te orientan a plantearte metas para el 2021, hubo preguntas desencadenantes como qué haría si me quedan seis meses de vida, una semana, un día u horas. Entonces caí en cuentas en la analogía y que eso fue lo que nos hice sentir este año, porque temimos por nuestra salud y la de nuestros seres queridos, revisamos prioridades y conservamos lo realmente esencial, que nos hace felices y que le da sentido a nuestra vida.

domingo, 29 de abril de 2018

Diccionario flamenco


Prevelicar: loco de contento 

Camelo: querer

Claveteá: cerrada, llena de clavos

Sastipenduli: salud y libertad 


Ronear: flirtear, presumir 

Reflexiones sobre el amor

  1. ¿Por qué elegir una persona que te trata mal cuando puedes elegir a alguien que te bajaría la luna y las estrellas? 
  2. Nada tiene de malo estar sola, cuando tu misma compañía es mejor que la de alguien que no te merece
  3. Uno decide quién entra en su vida, y también quién se va 
  4. Los antivalores como ser homofóbico, racista o xenofóbico son condiciones suficientes para alejarse de alguien 
  5. No vale la pena discutir con quien no tiene capacidad de entenderte 
  6. Alguien que te juzga y etiqueta, es alguien que te va a destruir la vida 
  7. Hay que dejarse querer 
  8. Quien es incapaz de ver tus virtudes, jamás te merecerá 
  9. Una conversación con alguien siempre debería aportarte algo, jamás dejarte con vacío ni angustia 
  10. Ser feliz es una decisión personal, y concierne a las decisiones conscientes e inconscientes 
  11. Lo que no es en mi año, no es en mi daño
  12. Ante "el cazador, cazado", salen fieras 
  13. Con el tiempo se muestran las verdaderas intenciones
  14. Las palabras vacías salen a la luz sin hurgar demasiado
  15. Si alguien te perturba es tiempo de dejar ir
  16. En las buenas y en las malas
  17. Solo dejando ir abrimos el corazón y enviamos las señales al universo para dejar llegar
  18. No es cuestión de género elegir cuándo y dónde
  19. Sin respeto para sí mismo no puede haber respeto para los demás
  20. Como trate a su familia dice qué puedes esperar


Gracias 2017 porque:


  1. Mi familia tiene salud
  2. Fuiste el año en que emprendí en un tema que me apasiona, la Responsabilidad Social
  3. Pude deleitarme con un mar como nunca antes había visto, al sobrevolar Belice
  4. Visité a mi familia catracha para compartir un bello momento familiar
  5. Supe poner un alto a ciclos que era hora de terminar 
  6. Llegué triunfante al cuarto piso organizando cuatro fiestas concurridas por mis afectos en que el vino, la gastronomía, el baile y la meditación fueron protagonistas, como preámbulo del buen vivir de esta década 
  7. Visité Cuba con los chicos y tuve una experiencia habanera como siempre había querido
  8. Fui a Veracruz a abrazar amigos
  9. Presencié una tradición mexicana que me permitió ver la muerte diferente y acercarme a quienes ya partieron 
  10. Pude amarme a mi más que a nadie 
  11. Cuidé mi cuerpo con ejercicio, buenos hábitos alimenticios y danza, sintiéndome en consecuencia bella y saludable  
  12. Me conecté con la cultura maya conociendo Xunantunich (Belice), Copán (Honduras), Palenque (Chiapas) y Monte Albán (Oaxaca) 
  13. Me enseñaste a esperar por mis anhelos con la recompensa de que quien sabe esperar, recibirá con creces 
  14. Volví a las aulas por crecimiento profesional
  15. Tengo ahorros en mis cuentas bancarias 
  16. Tuve un techo al cual llamar hogar y un volante que me llevó tan lejos como quise 
  17. Me siento agradecida, querida, valorada y satisfecha, de contar con las personas de quienes he elegido rodearme 

Top ten Habanero


1.Atardecer en playas del este

2.Almuerzo en casa de familia

3.El malecón con amigos, ron, guitarra y letras para el alma 

4.Museo de Bellas Artes

5.Cena en Arte y Corte 

6.Noche de fiesta en Fábrica de Arte Cubano

7.Teatro Alicia Alonso

8.Lanchitas por la bahía al Cristo y Regla  

9.Caminar la Habana Vieja pasando por una droguería, la Plaza Vieja, un paladar, la Catedral, la Iglesia Ortodoxa Rusa, la Iglesia Griega

10.Cóctel en el Focsa entre cubanos que te ubican en la Plaza de la Revolución, el Capitolio, etc.